Pablo Diez, explorador de lugares abandonados: «Llevo seis años recorriendo Asturias y todavía encuentro cosas que me dejan con la boca abierta»

ASTURIAS

En la cuenta Urbex_Asturias publica fotografías de escuelas, casas, cárceles, bares, teatros y hasta clínicas dentales donde hace años que nadie entra, pero sin desvelar nunca sus ubicaciones: «Es la mejor forma de protegerlas»
20 ago 2023 . Actualizado a las 05:00 h.Urbex_Asturias es una cuenta de Instagram en la que descubrir el lado más desconocido de la región. Acumula cerca de 12.000 seguidores en esta red social y su contenido no deja indiferente a nadie: son fotografías de lugares abandonados. Desde escuelas a viviendas pasando por cárceles, bares, teatros y hasta clínicas dentales. Imágenes que muestran la decadencia que provoca el paso del tiempo en las construcciones cuando nadie las habita, pero que también recuerdan la historia de cuando tenían vida.
El asturiano Pablo Diez está detrás de este perfil que recoge lo que para él son sus dos principales aficiones: la fotografía y la exploración. Además, con sus publicaciones pretende «que la gente de antes recuerde cómo fue su infancia y los jóvenes vean cómo vivieron sus abuelos», asegura. Tiene 28 años y el primer momento que le viene a la memoria al indagar en el origen de su interés por los lugares abandonados se remonta a su adolescencia: «Justo enfrente de donde vivía mi madre en Candamo había una casa abandonada; de pequeño, ella no me dejaba entrar y miraba desde fuera, hasta que ya fui grande y pude entrar».

Tras una etapa fotografiando rallyes, se aficionó al fenómeno urbex —exploración urbana, sobre todo de lugares abandonados— y abrió su cuenta de Instagram en el año 2018. Al principio tenía «muy poquitos seguidores» y viajaba con «una cámara réflex con trípode y flash». De vuelta a casa, Pablo editaba las fotografías en el ordenador y las publicaba, «normalmente el mismo día». Ahora se ha ido «amoldando» y utiliza el teléfono móvil con dos focos «para tener una buena iluminación» y poder documentar sus visitas con vídeos. Además, «suelo tardar seis o siete meses en subir la publicación tras hacer la visita», apunta.
Las primeras fotografías en su perfil de Instagram fueron de la fábrica de loza de San Claudio, «lo mítico de Asturias». «Al principio no sabes cómo hacerlo y buscas por internet. A medida que llevas años vas teniendo más experiencia y ahora lo que hago es coger el coche, recorrer carreterucas, parar en pueblos y hablar con la gente», explica Pablo Diez. Se define como «intento de explorador» porque en la gran mayoría de ocasiones él mismo descubre los lugares abandonados que luego fotografía. «Muchas veces me preguntan qué es lo que hago para encontrar tantos sitios y siempre respondo lo mismo: no hay truco ninguno. Desde que me saqué el carné hace diez años me gustó coger el coche y recorrer los pueblos de Asturias. El día antes elijo la zona a la que ir y allí me meto por carreterucas, recorro los pueblos caminando, hablo con los vecinos… y al final siempre encuentras algo», detalla.
Su principal fuente de información es «hablar con la gente mayor de los pueblos», a la que Pablo cuenta su proyecto, y la «gran mayoría» conoce los lugares que está buscando. «Muchos te dicen "pues mira, en esa zona había un pueblo abandonado" y vas hasta allí y encuentras cosas. Otros cuentan que las escuelas donde estudiaron todavía mantienen los pupitres… La mayoría de cosas las consigo hablando con la gente de los pueblos y, sobre todo, con la gente mayor, que es la que más sabe», explica.

El camino de la despoblación
Pablo Diez lleva seis años recorriendo Asturias en busca de lugares abandonados, pero no deja de sorprenderse con sus propios hallazgos. «Todavía me encuentro con un montón de cosas que me dejan con la boca abierta, en el sentido de cómo puede ser que esto esté aquí, que tenga un calendario de 1995 y siga en pie, que estén los álbumes de fotos o los tarros de la última vez que compraron comida», admite. Por eso muchos descubrimientos le llevan a pensar «qué pasaría con los dueños para que no volvieran más». Una pregunta que «a veces tiene respuesta por parte de los vecinos, que me cuentan la historia del lugar», celebra el impulsor de Urbex_Asturias. En esas conversaciones se ha dado cuenta de que «la mayoría de veces, por desgracia, la razón suele ser la misma: la gente que vivía en las casas falleció y los hijos no se entienden entre ellos; muchas casas acaban abandonadas por problemas de herencia».
El medio rural de Asturias es idóneo para descubrir estos lugares, aunque Pablo confiesa que siente especial predilección por el occidente: «Como las comunicaciones son difíciles hay menos gente y siempre me llamó más la atención esa zona». En esos recorridos está presente la despoblación. «Es una pena porque en muchos sitios viven dos o tres personas que ya son mayores, los hijos se han ido a la ciudad y te das cuenta hablando con ellos que dentro de 10 o 15 años va a estar todavía más despoblado de lo que ya está si no se hace nada para remediarlo», lamenta Pablo Diez.

No desvela nunca la ubicación de sus fotos
Para acceder a las viviendas, así como al resto de edificaciones abandonadas que descubre, no fuerza nunca la cerradura ni rompe los cristales. Entra si encuentra algo abierto o si consigue que los propietarios o vecinos le abran la puerta. Eso también lleva a que «muchas veces no puedas entrar porque está todo cerrado» y tenga que volver a casa de vacío, aunque nunca siente que sea «un día perdido». En su descripción habla, además, de «respeto por los antepasados de esas casas que ya no tienen vida», algo que rige su acceso a cada vivienda. «Hay todo tipo de cuentas en esto de la exploración y algunas hacen vídeos bailando dentro de las casas, saltando encima de las camas… a mí eso no me gusta. Creo que una casa abandonada es un lugar con una historia, normalmente la de una familia de pueblo en la que trabajaron como burros», reconoce, por lo que prefiere «no hacer el tonto».

Además, nunca desvela la ubicación de los lugares que fotografía y luego publica. Pablo Diez considera que esa es «la mejor forma de proteger ese sitio, cuanto menos gente lo sepa mejor». «Igual van 100 personas y 99 lo disfrutan igual que yo, pero hay una que no y esa destroza el sitio. Por eso nunca digo dónde están, para protegerlos y que si acaban desapareciendo sea por la naturaleza y por el paso del tiempo, no porque alguien decida destrozarlos», argumenta. De hecho, confiesa que de las pocas veces que se descubrió el sitio porque alguien lo reconoció «acabó en mal estado».
Detrás de cada publicación «hay mucho trabajo», confirma el impulsor de Urbex_Asturias en Instagram. Aparte de esta red social, su favorita, Pablo Diez tiene también cuenta en TikTok, donde acumula casi 22.000 seguidores. «Te lleva muchísimo tiempo», confiesa recordando los viajes que ha hecho estos años por Asturias, tanto solo como con un compañero que se ha sumado a su equipo o con su pareja, a la que conoció gracias a la cuenta.

«Casi el cien por cien de las cosas que me ha traído la cuenta han sido positivas», celebra. Solo en Instagram tiene casi 600 publicaciones y todas son especiales. «No sabría elegir solo una, porque hay varias que me llamaron mucho la atención», afirma. Siente especial devoción por las escuelas rurales, cerradas en las décadas de los 80 y 90, que en ocasiones mantienen los pupitres o las pizarras. «Muchas veces alguien del pueblo tiene la llave y todavía conservan la esencia de cuando cerraron», asegura Pablo Diez. «Me sorprenden las pizarras, porque ya las encontré de todo tipo: de madera, de tela, con la pared pintada de otro color…», cuenta. Las escuelas es lo que más le gusta encontrar y lo que más le llama la atención, «porque al fin y al cabo es un sitio donde nuestros antepasados estudiaron lo que pudieron».
Pero también se ha encontrado con otros lugares abandonados en Asturias dignos de mención: «A principios de este año encontré una casa que me pareció una maravilla, porque por fuera la veías derruida prácticamente y mirabas por la ventana y el suelo estaba caído entero. Entré por la puerta haciendo un poquitín de malabares y en la parte de abajo tenía un piano intacto, incluso con la telilla que protege las teclas. Luego subí a la planta de arriba y el salón estaba lleno de frescos muy bien conservados; la verdad que eso me pareció una maravilla, porque nunca había encontrado nada así. Lo que menos te esperas es que hay una pared entera de frescos con probablemente más de 100 años y se está abandonando, sin que nadie sepa que eso está ahí y se debería salvar».

Explorar este tipo de construcciones también tiene sus peligros. El principal es que se venga abajo el techo o el suelo, porque «en la mayoría de casas de Asturias el suelo es de madera y cuando lleva mucho tiempo cerrado hay humedad por goteras y eso es lo peor», asegura Pablo Diez.
Sin embargo, para el impulsor de Urbex_Asturias su actividad en redes sociales supone un aprendizaje que seguirá haciendo «mientras haya trabajo». Pese a tener un número abultado de seguidores nunca ha tenido «ningún ingreso» por la cuenta. Hace poco ha dado la opción a sus seguidores de suscribirse: «Hay gente que quiere poner su granito de arena porque les gusta que muestre lo que nadie muestra, esa Asturias que está dejándose, abandonada o medio abandonada, y que es el reflejo de dónde venimos, de nuestros abuelos y de nuestros padres».