Biden y Trump intentan colgarse la medalla por la tregua en Gaza
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El primero puso el marco, el segundo imprimió la presión necesaria
15 ene 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«Estamos a punto de lograr que la propuesta que planteé hace meses finalmente dé sus frutos», afirmó el lunes Joe Biden, en su discurso de despedida ante el Departamento de Estado. El mandatario, que el 20 de enero entregará el testigo a Donald Trump, cruza los dedos para que el acuerdo entre Israel y Hamás llegue antes de su partida. No quiere hacer las maletas sin ver extinguido el conflicto que más ha dañado su popularidad y que podría manchar su historial al frente de Estados Unidos.
«Muchas personas inocentes han sido asesinadas. Muchas comunidades han sido destruidas. El pueblo palestino merece la paz y el derecho a determinar su propio futuro —sostuvo el demócrata—. Israel merece la paz y una seguridad real y los rehenes merecen reunirse con sus familias».

Biden asumió el poder en el 2021 con la promesa de reconstruir las alianzas con los socios tradicionales de Washington, dañadas por el aislacionismo del primer mandato de Trump (2017-2021). Probablemente fue esa preconcepción la que lo llevó a protagonizar un apoyo férreo a Israel en su ofensiva sobre Gaza.
«Estamos muy cerca de lograrlo», declaró Trump poco después del discurso de Biden. El republicano, recién elegido y consciente de la lluvia de críticas que su predecesor ha venido sufriendo durante el último año y medio, no estaba dispuesto a dejar que se atribuyese todo el mérito. «Tienen que lograrlo. Si no lo hacen, habrá muchos problemas, como no los han visto antes», añadió.
Con esas palabras, el neoyorquino recordó su amenaza de desatar «un infierno» en la Franja si Hamás no entrega a los rehenes antes del próximo lunes. Una estrategia directa, que busca resultados inmediatos y efectistas y que algunos analistas ven como la verdadera razón por la que Israel y el Movimiento de Resistencia Islámica están a punto de cerrar el alto el fuego. Consideran que Biden fue quien estableció el marco general del acuerdo, pero después de más de 400 días su presión sobre Netanyahu seguía siendo inútil. En cambio, Trump llega con energías renovadas y busca resolver rápidamente cualquier problema internacional que lo pueda desviar de su política aislacionista.
Era el empujón que le faltaba a Netanyahu para recular no por temor, sino por interés. El israelí, consciente del perfil del republicano, lo quiere de su lado para acometer grandes objetivos, como la anexión de Cisjordania o la normalización de relaciones con Arabia Saudí.