El exalumno de la Universidad de Oviedo que salva especies al borde de la extinción en Asia

LA VOZ DE OVIEDO

El biólogo Pablo Sinovas trabaja en preservar la flora y la fauna de Camboya. Ha ayudado a recuperar un cocodrilo dado por extinto y a redescubrir un lagarto perdido por más de un siglo, entre otras tareas
25 mar 2025 . Actualizado a las 09:31 h.Son muchos los países que se encuentran en vías de desarrollo y Camboya es uno de ellos. Aunque todavía queda mucho por hacer para erradicar la pobreza y que toda la población tenga acceso a los servicios más básicos, esta región del sudeste asiático está experimentando un rápido crecimiento en cuanto a términos socioeconómicos se refiere. El problema está en que estos avances los están consiguiendo a cambio de acabar con la naturaleza. Muchos ecosistemas están siendo destruidos para dar paso a la expansión urbana, la agricultura intensiva y la explotación de recursos.
Como la biodiversidad corre por tanto un serio peligro, expertos en conservación centran sus esfuerzos en preservar la flora y la fauna de este país tropical. Trabajan día y noche para identificar las áreas con mayores recursos naturales con el objeto de poder protegerlas «de la mejor manera posible». Buscan reducir el número de especies en peligro de extinción, además de frenar la caza furtiva y poner fin a otras amenazas que suponen un riesgo en el equilibrio ecológico.
«Intentamos que el desarrollo sea sostenible porque en el momento que desaparece un ecosistema o ciertas especies es muy difícil, por no decir imposible, recuperarlas después», asegura Pablo Sinovas, uno de los biólogos que participa activamente en la conservación y protección de los valiosos recursos naturales de Camboya. Gracias a su compromiso y dedicación, este licenciado por la Universidad de Oviedo ha logrado contribuir a la recuperación del cocodrilo siamés, una especie de reptil que ya se había dado por extinguida.

Este hecho ha sido todo un hito porque no solo se recuperó la raza sino que además hubo un «récord histórico de reproducción» en los Montes Cardamomo, donde se descubrió. Para garantizar la supervivencia del cocodrilo siamés, Pablo y el resto del equipo con el que trabaja han reintroducido la especie en el área protegida situada «en la otra punta del país» y que hace frontera con Vietnam y Laos. Han liberado un total de diez ejemplares en esta zona en la que antiguamente habitaba este reptil.
Pero antes de soltar los cocodrilos, les han insertado de forma subcutánea unos transmisores de ultrasonido para rastrear el movimiento de esta especie en peligro de extinción. Han instalado también receptores a lo largo del río para obtener datos precisos sobre su comportamiento y ubicación. Esta novedosa tecnología les ayuda a monitorear la población, asegurándose de que su reintroducción es exitosa y que puedan adaptarse a su entorno natural sin ser desplazados por amenazas externas. Además, la información recopilada les permite implementar estrategias de conservación más efectivas.

«Lo habitual en estos casos es utilizar telemetría por radio pero esta zona es tan remota que no es nada práctico ir de forma regular. La otra opción era rastrear la vida silvestre por vía satélite pero la descartamos porque aparte de ser muy costoso, en esta región hay poca recepción de la constelación Argos —sistema de satélites que recoge, procesa y disemina información ambiental desde plataformas fijas y móviles en todo el mundo— y además por la cobertura vegetal esa recepción no es muy buena», explica el biólogo, quien lidera el proyecto de conservación de la oenegé Fauna y Flora.
Para reforzar la población existente en el sur de Camboya liberarán el próximo mes 40 cocodrilos en los Montes Cardamomo. «Llevamos varios años haciendo sueltas porque lógicamente la especie todavía no ha llegado a un nivel en el que podamos decir que está recuperado», dice el experto, que resalta así la importancia de este proyecto de recuperación, apoyado por National Geographic. «Es todo un hito porque conseguir los permisos necesarios para la suelta y demás no es nada fácil. Al final, estás soltando un gran depredador en el medio silvestre», destaca.

De la misma manera que centra sus esfuerzos para proteger al cocodrilo siamés, Pablo Sinovas se enfonca también en preservar la existencia de otras especies como por ejemplo el elefante asiático. Ha participado en un estudio «bastante novedoso» sobre esta raza incluida en la afamada Lista Roja. Han modelado el hábitat para establecer qué áreas son «idóneas» para la conservación de los elefantes. A partir de una de las poblaciones que hay en Camboya, han realizado también un análisis genético en profundidad.
«Hemos recogido muestras en los excrementos para extraer el ADN. A partir de ahí hemos conseguido estimar el tamaño de la población, además de conocer la diversidad genética de esa población, que es algo muy importante para poder entender la viabilidad a largo plazo de esa población y la capacidad de recuperación que pueda tener la misma», explica.

Tras realizar esta labor de investigación han llegado a la conclusión de que a pesar de ser una población pequeña, «son unos 50 elefantes», la diversidad genética es «elevada». El hábitat que todavía queda disponible es también «bastante grande». Por tanto, existe un «buen potencial» para que crezca y se recupere esta especie que se diferencia principalmente del elefante africano por su tamaño, es mucho más pequeño, y por tener dos enormes bultos en la cabeza en vez de uno.
Al tener datos tan concretos sobre las necesidades y comportamientos de la especie, los expertos pueden desarrollar estrategias de conservación más efectivas y personalizadas. Además, pueden aplicar el mismo método que utilizaron para obtener tan valiosa información a otras especies que también corren un serio peligro. «Haber sido capaces de combinar diferentes técnicas para tener esa base puede ser bastante relevante», destaca el biólogo.

Las expediciones que han estado realizando durante años en las áreas más kársticas de Camboya han dado también resultados positivos. Pablo Sinovas y su equipo han descubierto tres nuevas especies de geckos, pequeños lagartos conocidos por su capacidad para trepar superficies verticales y emitir sonidos. «Haremos una segunda exploración porque estamos seguros de que existen más especies en esta zona porque las colinas de roca calcárea actúan como si fuesen una isla, entonces, las especies evolucionan de manera aislada», precisa.
Estos hallazgos permiten demostrar la importancia que tiene salvaguardar la zona de amenazas externas. «Estas colinas están seriamente amenazadas por la explotación para la producción de cemento. En el sudeste asiático, debido al bum de la construcción, la demanda de cemento es muy alta, lo que incrementa la amenaza potencial para estos ecosistemas. Por tanto, que se hayan descubierto nuevas especies nos ayuda a explicar, especialmente al gobierno, la importancia de conservar y proteger estas áreas para evitar la extinción de estas especies», asegura.
El hecho de que hayan identificado tipos de geckos que hasta la fecha eran desconocidos supone, además, un avance para la ciencia. «No todos los días se puede descubrir y describir una especie. Por eso, cuando lo conseguimos nos sentimos muy satisfecho porque además obtenemos información básica sin la cual es muy difícil proteger o entender la naturaleza. Si no sabes ni siquiera qué especies existen, ¿cómo vas a proteger la biodiversidad? Es un primer paso, digamos», asegura el biólogo que recientemente redescubrió una especie de reptil que se había dado por extinta porque «no se sabía absolutamente nada de ella». «Nunca se había estudiado en vivo porque nunca se había visto», destaca.

Estando de vacaciones en Sumatra, en Indonesia, se encontró caminando por la selva un lagarto con unos colores «bastante llamativos». Como no sabía de que especie se trataba se puso a buscar por internet y en manuales que tenía que a su alcance pero, para su sorpresa, no encontró nada. Para salir de dudas se puso por tanto en contacto con «el mayor experto en reptiles» de esta región del sudeste asiático.
«Le mandé las fotos que había tomado y se quedó totalmente sorprendido porque es una especie que, según me dijo, lleva 20 años buscando porque no se veía desde hace más de un siglo. Solo se conocía de muestras que hay en los museos. Como además nunca se había fotografiado en vivo no se sabía ni de qué color era porque los especímenes que hay en los museos, lógicamente, por el formol se han descolorido», cuenta.
Aparte de sus coloridas escamas, este lagarto tiene la peculiaridad de tener un dedo de las patas traseras «extraordinariamente» largo. «Es inconfundible. No hay ningún otro lagarto que tenga un dedo tan largo en proporción al resto del cuerpo», asegura el biólogo antes de señalar que el experto con el que contactó en su día barajó la idea de que utilizase ese dedo para agarrarse a las ramas como si de una especie arborícola se tratase. «Pero, como me lo encontré por el suelo y no hizo ni siquiera intento de subirse a ninguna rama, desbancamos esta hipótesis», apostilla.

Preservar y proteger los hábitats terrestres, así como las especies que los habitan, es el principal objetivo de Pablo Sinovas. Pero, enfoca también su trabajo en la conservación de espacios marinos y costeros. «Hemos detectado por primera vez el proceso de reproducción en masa de corales. Esto es algo que se había ya visto en otros países, pero nunca se había visto en aquí», resalta orgulloso.
Cada uno de los hallazgos realizados hasta la fecha demuestran que «Camboya es un país que todavía tiene maravillas naturales». A través de estos descubrimientos, Pablo y su equipo buscan concienciar tanto al gobierno como a la población en general sobre la importancia de proteger el valioso patrimonio natural. Al poner en evidencia la riqueza ecológica del país tratan de sensibilizar a la sociedad sobre la relevancia que tiene garantizar su protección y asegurar su conservación a largo plazo. «Camboya es un país muy rico en biodiversidad y es una pena que no se conserve», confiesa.