Ministro de Anticultura y Odio al Deporte

OPINIÓN

08 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Me enteré de que Màxim Huerta era el elegido por Sánchez para Cultura y Deporte mientras veía la Corrida de La Beneficencia. En Las Ventas fue un día de esos llamados «de clavel»: no hay billetes, el Rey Juan Carlos, gente guapa en los tendidos y muchos gintonics. La oreja para Ginés Marín coincidió con un WhatsApp de un amigo: «Maxim Huerta Ministro de Cultura, si al menos hubiese sido Jorge Javier. Si puede lidiar con Sálvame, España no es carga». Leí esto y bebí un trago largo de mi cerveza.

Imaginen un ministro de Justicia que se declare antidemócrata y que no crea en la Justicia ni en en el Estado de Derecho. O un ministro de Sanidad que abogue por la homeopatía y excéptico frente a los avances científicos y farmacéuticos. O que el ministro de Defensa diga que el Ejército es innecesario. Sería algo totalmente absurdo que se diesen estas situaciones; es más, la presión social lo haría imposible. Todo esto les parecerá inverosímil, pero es cierto. El ministro de Cultura y Deporte de «Snchz», Màxim Huerta, se declara antitaurino y hombre que odia el deporte. Ha dicho todo a través de tuits, que tampoco es un medio del que fiarse ni para conocer a nadie. Así que no voy a entrar a juzgar la capacidades del señor Màxim, puesto que sólo le conozco en su faceta «salsarrosera», pero parece que no se avecinan buenos tiempos para la tauromaquia, por ende para la cultura. Menos mal que dentro del gobierno tenemos a Carmen Calvo: gran aficionada y defensora de los toros. Quizá, Huerta, esté aún a tiempo de aprender, abrir su mente y disfrutar del arte más excelso y fugaz.

Esta elección es un pinchazo en hueso, y no el único, de Pedro. Todo sería más correcto si en la cartera del señor ministro pusiese: Ministro de Anticultura y Odio al Deporte. Si éste es el mejor aspirante, con sus programas de mamoneo y onanismo famosil y sus novelitas de aeropuerto con foto en la faja, no queramos conocer al peor. Y yo que pensaba en mi querido Muñoz Molina. Como decía mi amigo, puestos a elegir, prefiero a Jorge Javier. O a Boris, que tiene buen desnudo. Y, al fin y al cabo, en eso ha consistido siempre en España el Ministerio de Cultura: quedarse en pelota frente a los presupuestos.