Leonor alerta del desencanto juvenil y reivindica la imperfección humana frente a las máquinas
CULTURA
La princesa de Asturias reivindica la esperanza frente a las desigualdades, los conflictos y la incertidumbre y defiende el valor de los premiados para comprender el mundo y recuperar la confianza
23 oct 2026 . Actualizado a las 21:13 h.La princesa Leonor ha puesto el foco en las preocupaciones de su generación durante su discurso en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026. La falta de expectativas, las dificultades para construir un proyecto de vida, el acceso a un buen empleo y a una vivienda y el desencanto social han centrado una intervención en la que ha defendido la necesidad de mantener la esperanza y la confianza en un contexto marcado por la incertidumbre, los conflictos y las desigualdades. La princesa también ha situado entre los debates de su generación el valor de la imperfección humana frente a los avances tecnológicos.
«Los jóvenes nos hacemos preguntas», ha afirmado al comienzo de su reflexión sobre el presente. La princesa ha enumerado algunos de los desafíos que afrontan las nuevas generaciones, desde los extremismos, los populismos y las guerras hasta la influencia de las redes sociales, el coste de la vida y las dificultades para imaginar el futuro. «Cómo afronta mi generación semejante complejidad. Cómo digerimos la velocidad y el desencanto, lo que muchos consideran falta de expectativas e imposibilidad de planear una vida, tener un buen trabajo, una casa…», ha planteado. Además, Leonor ha aludido a la necesidad de «debatir sobre el valor de la imperfección humana frente a la pretendida perfección de la máquina», en un contexto marcado por la expansión de las redes sociales y la creciente presencia de la tecnología en la vida cotidiana.
Ante ese escenario, Leonor ha defendido el sentido de reconocer a las personas e instituciones distinguidas con los galardones de este año. «¿Tiene sentido venir cada año a Oviedo para agradecer a estas mujeres y estos hombres que se sientan hoy aquí, en este escenario, que tengan una vida y una obra que nos ayuda a confiar?», se ha preguntado. Su propia respuesta ha sido tajante: «Lo tiene». La princesa ha explicado que el trabajo de los premiados permite comprender mejor el mundo, mantener la curiosidad y recuperar la capacidad de asombro. Para ilustrarlo, ha recorrido las aportaciones de los galardonados en ámbitos tan diversos como la historia, el cine, la literatura, el deporte, la conservación de semillas, la exploración espacial, la genética y la música.
Una llamada a la esperanza
Leonor ha recuperado unas palabras pronunciadas en 1981 por María Zambrano, la primera mujer galardonada en aquella edición de los premios. La filósofa y escritora, que llevaba cuatro décadas exiliada, habló entonces de una luz en la que se juntaban «lo joven y lo inédito, esperanza de una historia que se abre». La princesa ha recordado que su padre tenía 13 años cuando escuchó aquellas palabras y ha reivindicado su vigencia para pensar en las preguntas que se plantea hoy la juventud. También ha recurrido a Václav Havel para defender una idea de la esperanza que no depende de la certeza de que todo vaya a salir bien. El expresidente checo sostenía que consiste en «la certeza de que hay cosas que tienen sentido y que merece la pena defender pase lo que pase». Leonor ha recuperado esa reflexión para reafirmar el valor de los premios y de las trayectorias que reconocen.
En el repaso a los galardonados, ha destacado la aportación del historiador Timothy Garton Ash para comprender la situación de Europa y la necesidad de reforzar la cooperación entre las políticas europeas y nacionales. También ha reivindicado la obra de los estudios Ghibli por su humanismo, su respeto a la naturaleza y su capacidad para educar a través del cine. La princesa ha compartido, además, un recuerdo personal relacionado con la animación japonesa: la primera vez que vio Ponyo en el acantilado junto a su hermana Sofía, que todavía no había cumplido los dos años. «Porque el cine educa, claro, incluso cuando no se lo propone», ha afirmado.
De Messi a la exploración espacial
La literatura ha ocupado otro lugar destacado en el discurso. Leonor ha recomendado leer a Julian Barnes, cuya obra permite abordar cuestiones como el paso del tiempo, los amores, la enfermedad y la muerte. Sobre el escritor británico, ha subrayado que ninguna inteligencia artificial podrá reproducir la emoción que provoca su obra. En el deporte, ha destacado la trayectoria de Leo Messi como ejemplo de la capacidad de las gestas deportivas para generar sentimientos compartidos.
La conservación de la biodiversidad y la seguridad alimentaria han centrado su referencia a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, donde se guardan duplicados de semillas procedentes de bancos de genes de todo el mundo. Leonor ha subrayado el valor de la cooperación internacional para proteger cultivos frente a amenazas como las guerras, las inundaciones, los incendios o la falta de recursos. La exploración espacial le ha servido para insistir en esa misma idea de interdependencia. Al referirse a Christina Koch, ha defendido que la experiencia de observar la Tierra desde el espacio ayuda a comprender que los seres humanos comparten un destino común. «Compartimos todo, estamos conectados, estamos condenados a entendernos. Somos “la tripulación de la Tierra”», ha afirmado.
La princesa ha destacado asimismo los avances en la secuenciación masiva de ADN desarrollados por David Klenerman, Shankar Balasubramanian y Pascal Mayer, que permiten acelerar y abaratar un proceso con aplicaciones en la biomedicina, entre ellas el estudio de patologías infecciosas, el cáncer y las enfermedades raras. Ha señalado que estos avances son también fruto de la colaboración y del trabajo en equipo. Por último, ha reivindicado la libertad y la autenticidad de Patti Smith, cuya trayectoria artística ha relacionado con una mirada inconformista que se refuerza con el paso del tiempo.
Leonor ha cerrado su intervención recuperando un verso de Paul Valéry que Hayao Miyazaki rescató en una de sus obras: «El viento se levanta… ¡Hay que intentar vivir!». Una frase con la que ha vuelto a la idea que ha articulado todo su discurso: la necesidad de encontrar motivos para confiar y seguir adelante incluso en tiempos de desaliento.