El asturiano de 24 años que se empeña en rescatar del olvido el pueblo donde vivieron sus abuelos: «Necesitamos gente con ganas de iniciar proyectos aquí»
ASTURIAS
Damián creó una asociación para salvar las casas de la localidad. Ya hay nuevos vecinos dispuestos a darle vida a la pequeña aldea, a pesar de que las condiciones son todavía duras
12 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hace un año y medio murieron los dos últimos residentes permanentes de un pequeño pueblo del occidente asturiano, que entonces parecía condenado al abandono. Sin embargo, una iniciativa del nieto de esos últimos vecinos, Damián, graduado en Derecho de 24 años, le ha vuelto a insuflar vida. Él había visto cómo sus abuelos mantenían el pueblo cuidado y, cuando estos faltaron, se negó a verlo invadido por la maleza. «Estoy recuperando el pueblo de mis antepasados», explica en el canal de YouTube Hilux Aventura.
Fue entonces cuando decidió montar una asociación para rescatar el lugar, reuniendo a los propietarios de las casas, muchas de las cuales estaban en estado muy cercano a la ruina, e invitándolos a contribuir a que el pueblo reviva. Su objetivo es recuperar el pueblo, facilitar la venta de las viviendas cuando sea posible y atraer a personas interesadas en vivir allí o, al menos, en mantener las casas.
El plan comenzó por lo más básico y más urgente: abrir paso. Los propietarios pagan una cuota, como en una comunidad de vecinos, y con ese dinero se limpian y se mantienen las zonas comunes. En el primer año se desbrozaron los senderos, sepultados bajo zarzas y matorral. Más adelante vendrán la fuente, los tejados y todo aquello que necesite reparación. Y, a partir de ahí, todo lo que contribuya a que el pueblo resurja.
Sus conocimientos en Derecho son una ventaja para los vecinos, porque se ha puesto al servicio de las familias que quieren vender o reformar, pero se atascan en papeles, herencias con muchos herederos o documentación incompleta. «Enseño viviendas a turistas que vienen y ayudo a otros vecinos a preparar papeles», señala. También se encarga de localizar a propietarios dispersos y de mostrar las viviendas a quien se interese.
Su ambición, sin embargo, va más allá de la compraventa. Lo que busca es una red de vecinos que se impliquen. Por eso insiste en que el pueblo necesita personas que aporten y que lleguen con un proyecto propio. «Lo que necesitamos sobre todo es gente que venga con ganas de iniciar proyectos aquí, tanto de vivir aquí como de reformar las viviendas para que no se caigan», sostiene.
Algunas de las casas tienen siglos de antigüedad, con muros gruesos hechos con piezas enormes. Hay hórreos, paneras y hornos de pan, cuya resistencia demuestra que son obras recias. También una capilla que podría datar de finales del siglo XVIII; el altar, según la información que manejan en el pueblo, sería posterior, de mediados del XIX. Pero lo importante es el camino. La pista de acceso está muy deteriorada, remendada con arreglos que siguen sin solucionar el problema. Los abuelos de Damián hablaron en su día con el Ayuntamiento y recibieron la promesa de una mejora que nunca se llegó a cumplir. La familia entiende que, al quedarse sin vecinos permanentes, se juzgó que no merecía la pena invertir en el arreglo. Pero puede verse al revés: si no hay un buen acceso, a la gente le costará más regresar.
Tampoco hay cobertura de móvil y el acceso a internet depende de una conexión vía satélite, mediante Starlink, una carencia que Damián cree que echa para atrás a personas que, con otras condiciones, podrían instalarse en un rincón tan tranquilo como este. El pueblo tiene otras necesidades que sus impulsores quieren ir solventando poco a poco, entre ellas el alumbrado público y una mejor respuesta ante emergencias.
El padre de Damián participa en la recuperación del pueblo y conserva buena parte de su memoria. Calcula que hace varias décadas pudo reunir a unas doscientas personas. Había trece casas, con familias de seis, ocho y hasta diez hijos. Él mismo conoció cinco o seis viviendas habitadas. Entonces llegó el éxodo. Parte de los vecinos emigró a Argentina y Uruguay, y algunos perdieron completamente el contacto con el pueblo. Pero no todos. Damián ha recibido a descendientes de emigrantes y, en una ocasión, se presentó un hombre que había nacido en una de las casas y se había ido siendo muy pequeño.
Entre quienes ya han dado el paso de comprar o recuperar una casa en el pueblo hay una mujer originaria de Polonia, que lleva veinte años viviendo en Mallorca. Ella y su marido buscaban una vivienda de vacaciones en Asturias y encontraron el anuncio en internet. Contactaron con Damián, que los guió durante la compra, y la bienvenida de los vecinos fue, según cuenta, determinante.
Su casa estaba abandonada. Quieren conservar el hórreo y la estructura original siempre que se pueda, como gesto de respeto hacia quienes la levantaron. En la finca imaginan un huerto, bancos, una zona de descanso, una hoguera o barbacoa y un rincón donde reunirse con los vecinos. El padre de Damián recuerda que uno de los edificios de esa propiedad fue una bodega: en el pueblo se elaboraba vino, aunque la escasez de sol invernal lo volvía muy ácido. Y evoca aquellos inviernos en que la nieve podía durar quince días y todos se coordinaban para abrir camino y llevar las vacas a los abrevaderos.
Queda mucho por hacer, y Damián lo sabe. Hay casas con posibilidades de venta, pero el mal acceso y la falta de servicios básicos siguen frenando a los interesados. Distingue con claridad entre lo que está en sus manos y lo que no. La asociación quiere seguir actuando sobre la fuente, los tejados y otras partes del pueblo, pero las infraestructuras básicas dependen de las instituciones. «Hay que seguir haciendo cosas por el pueblo», afirma. El camino, el alumbrado y unas comunicaciones propias del siglo XXI son, para él, condiciones necesarias para que el pueblo pueda resurgir de verdad.