Carlos Vega, podólogo: «Cuando te pones un calzado cerrado y el pie empieza a sudar, le fabricas al hongo su propia cueva de maduración»

Carmen Liedo
Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

Carlos Vega Rabadán, podólogo
Carlos Vega Rabadán, podólogo

El especialista avilesino advierte de que el calor, la humedad y algunos hábitos habituales de la época estival favorecen la aparición de hongos y recuerda que actuar a tiempo es clave para evitar tratamientos más largos y complicados

30 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Mientras protegemos la piel del sol con cremas y protectores, los pies suelen quedar relegados a un segundo plano durante los meses de verano. Tal es así que para el podólogo Carlos Vega Rabadán, con consulta en Avilés, esta parte del cuerpo es una de las que más sufre en esta época del año: «los pies no son los grandes olvidados del verano, son los grandes maltratados», asevera el mismo, que explica que el calor, la humedad, el uso de determinados tipos de calzado y la costumbre de caminar descalzos en piscinas, vestuarios o duchas públicas crean el escenario ideal para la proliferación de hongos. El especialista alerta de que muchas infecciones comienzan de forma silenciosa, con «un picor constante entre los dedos» o cambios de color en las uñas, cambios que a menudo pasan desapercibidos, por ejemplo, por el uso de esmaltes de permanentes que, según señala, pueden convertirse en «el aliado perfecto» para que el problema vaya a más, ante lo que desaconseja recurrir a remedios caseros sin un diagnóstico previo. Y una prueba de que el verano hace estragos en los pies es, según señala el podólogo en la entrevista concedida a La Voz de Asturias, que septiembre y octubre son los meses en los que más consultas relacionadas con hongos recibe en la clínica. Así, subraya que medidas tan sencillas como usar chanclas en espacios públicos, secar bien los pies o extremar las precauciones en algunos centros de estética pueden evitar más de un problema tras el periodo estival.

—Durante el verano prestamos mucha atención a proteger la piel del sol, pero parece que los pies suelen quedar en un segundo plano. ¿Son los grandes olvidados de esta época del año?

—Totalmente. Gastamos sin miramientos en protectores solares, cremas y sérums. Pero de tobillos para abajo, se nos olvida la teoría. Los exponemos durante horas a las agresiones del verano buscando liberar el pie, pero recurriendo a un calzado que no siempre ofrece la protección necesaria para la salud de la piel. Los pies no son los grandes olvidados del verano, son los grandes maltratados.

—¿Existe un mayor riesgo de sufrir hongos en los pies en esta época más que en otras?

—Sí, pero no porque el hongo haga la maleta y se vaya a la playa. Es porque en verano les abrimos la puerta de par en par. Nos pasamos el día descalzos en piscinas y zonas húmedas, acumulando humedad y exponiendo la piel a pequeños traumatismos. Hacemos, paso por paso, todo el manual de lo que no hay que hacer.

—¿Qué factores favorecen la aparición de hongos?

—El hongo es un inquilino muy básico. Solo necesita tres cosas para prosperar: humedad, oscuridad y cero ventilación. Pensemos en cómo se madura el queso de Cabrales. Lo meten en una cueva a oscuras, con la humedad por las nubes y el aire estancado. Pues bien, cuando te pones un calzado cerrado en verano, sin calcetín y el pie empieza a sudar, le acabas de fabricar al hongo su propia cueva de maduración portátil. Le montas el ecosistema perfecto y, lógicamente, se queda a vivir.

—Piscinas, playas, duchas públicas, gimnasios o vestuarios suelen señalarse como lugares de riesgo. ¿Hasta qué punto debemos preocuparnos y cuáles son los errores más frecuentes que cometemos en estos espacios?

—El error número uno es creer que el hongo tiene patas y va corriendo a buscarte. No, el hongo viaja como polizón en las células de piel muerta que va dejando la gente al caminar. Imagínate la escena clásica: acabas de hacer deporte, te quitas las zapatillas y te metes descalzo en las duchas o vestuarios públicos. Estás pisando un suelo alfombrado de escamas invisibles que están esperando un nuevo pie al que engancharse. Por eso las chanclas no son negociables. Tienen que ser tu prolongación desde que cruzas la puerta del vestuario o piscina hasta que sales de la ducha.

Síntomas de la infección por hongos

—Muchas personas restan importancia a los primeros síntomas. ¿Qué señales deberían hacernos sospechar que podemos estar desarrollando una infección por hongos en los pies o en las uñas?

—A veces esperamos a que el pie nos avise de forma dramática, cuando el hongo suele ser mucho más sutil al principio. Si notas un picor constante entre los dedos, si la piel se te pela ­?como si te hubieras quemado con el sol? o si ves que una uña empieza a cambiar de color, volviéndose amarillenta o blanquecina, hay que pasar a la acción.

—Cuando aparecen síntomas como picor, descamación o cambios en las uñas, hay quien recurre a remedios caseros o espera a que el problema desaparezca por sí solo. ¿Qué riesgos tiene retrasar la consulta con un especialista?

—Es muy común caer en la tentación de probar remedios caseros cuando empiezan las molestias, pero el problema es que el vinagre, el ajo o cualquier otro truco de la abuela no suelen llegar al foco del problema. Lo más importante es empezar por un diagnóstico correcto. No todos los problemas en los pies son hongos, y tratar una patología equivocada solo hace que perdamos un tiempo valioso. Hoy en día tenemos tratamientos farmacológicos que son muy eficaces y que actúan de verdad sobre el patógeno. Cuanto antes tengamos ese diagnóstico, antes podremos ponerle freno y evitar que el problema se enquiste o se convierta en algo mucho más largo y difícil de curar.

—En los últimos años se ha popularizado el uso de esmaltes permanentes y semipermanentes. ¿Pueden influir en la salud de las uñas o dificultar la detección precoz de una infección por hongos?

—Son el aliado perfecto para que el problema pase desapercibido, y ahí reside el peligro. El esmalte, especialmente el permanente, genera una película oclusiva que altera la dinámica de la uña y, lo que es peor, oculta cualquier cambio sutil en su color o textura. Si una uña está empezando a infectarse, bajo esa capa de color es imposible detectar el avance del hongo, hasta que es demasiado tarde. Mi recomendación es clara: si notas que la uña pierde su aspecto saludable, deja de pintarla. Pintar una uña con sospecha de infección es como intentar ocultar una mancha de humedad en una pared dándole una mano de pintura encima: la causa del problema sigue ahí, solo que ahora has perdido la capacidad de ver cuánto está creciendo.

Medidas de prevención

—¿Qué medidas de prevención aconseja para disfrutar del verano sin llevarse como recuerdo una infección por hongos? ¿Hay alguna indicación que considere especialmente importante?

—Insistiendo en lo fundamental, las medidas clave de prevención pasan por no descuidar el uso de chanclas en espacios públicos, realizar un secado minucioso de los pies, sobre todo entre los dedos, y calcetín con calzado cerrado. Pero si hay un punto crítico al que debemos prestar especial atención es el de los centros de estética. En verano se disparan las pedicuras exprés y hay locales que operan en una zona gris con la normativa higiénico-sanitaria. Si las limas, los tornos o el instrumental no pasan por un proceso de esterilización riguroso entre cliente y cliente, nos encontramos ante una vía directa de contagio. Hay que desconfiar siempre de lo que no transmita total seguridad y profesionalidad en este aspecto.

—Por su experiencia y trayectoria profesional, ¿es después del verano cuando más consultas por hongos llegan a la consulta del podólogo?

—Septiembre y octubre son, sin duda, los meses de mayor afluencia en la clínica por esta razón. Pero aquí hay matices importantes según la edad. En los adultos, muchas veces no es que el contagio se haya producido exclusivamente en verano, sino que el buen tiempo, el uso de sandalias y el hecho de vernos los pies nos obligan a enfrentarnos a un problema que quizás llevábamos arrastrando de forma silenciosa desde meses atrás. En cambio, en los niños el perfil es diferente: sí solemos ver infecciones directas de temporada, muy ligadas a piscinas, campamentos y a pasar muchas horas descalzos en entornos húmedos colectivos.

—Asturias es región de actividades al aire libre, senderismo, playas y deportes acuáticos. ¿Hay algún consejo específico para los asturianos o para quienes nos visitan para cuidar mejor la salud de sus pies?

—Dicen que los pies son los grandes olvidados, pero con Asturias pasa al revés: quien pisa esta tierra, no la olvida jamás. Para disfrutarla de verdad, elegir el calzado adecuado según cada actividad es la mejor forma de asegurar que el viaje deje huella solo en el recuerdo, y no en el camino.