La primera asturiana que ha recibido la vacuna contra el covid: «Es sencillo, seguro y eficaz»

Carla Vega REDACCION

ASTURIAS

La enfermera llanisca Carmen Blanco, que desarrolla su actividad laboral en Los Ángeles, detalla cómo ha sido su experiencia tras recibir una de las primeras dosis de Estados Unidos

24 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Si pudiésemos volver el tiempo atrás y situarnos a 24 de diciembre de 2019, podemos ver cómo nuestro día a día era mucho más diferente al que vivimos actualmente. Muchos de nosotros estaríamos celebrando la Nochebuena, tomando un buen vermut antes de acudir a las típicas cenas con la familia. Sin embargo, 365 días después, parece que estas escenas pertenecen a una realidad alternativa que se siente muy lejana. Tras varias cuarentenas, cierres de fronteras, calles desiertas y muchos hospitales colapsados después, parece que ya se ve la luz al final del túnel con la llegada de las tan ansiadas vacunas. Finalmente ha sido la de Pfizer la primera en correr por las venas de cientos de personas a lo largo del mundo, y una de esas primeras en recibirla ha sido la asturiana Carmen Blanco.

Esta enfermera llanisca reside en Estados Unidos desde 1987 y actualmente desarrolla en Los Ángeles su actividad laboral. Debido a su profesión forma parte del primer grupo al que se le suministran las vacunas en el país, donde se está priorizando a personal sanitario a la hora de protegerse contra el covid-19. Fue el pasado sábado 19 de diciembre cuando Carmen Blanco recibió una de las dosis de la vacuna de Pfizer que se comenzaron a inyectar en el país el día 14, y que ya han recibido más de dos millones de personas en el territorio estadounidense. Blanco asegura que el proceso fue rápido y sencillo, y dice sentirse privilegiada de poder pertenecer a este primer grupo. «El calibre de la aguja es muy pequeño así que la inyección ni se nota. Tras recibir la vacuna te hacen esperar unos 15 minutos por si sientes alguna reacción fuerte, pero ni yo ni mis compañeros sentimos ninguna, más allá de dolor en la zona del pinchazo o algún ligero dolor de cabeza por parte de algunos de mis compañeros, pero todo muy tolerable», asegura Blanco.

«Honestamente para mí fue emocionante. Me sentí parte de un momento histórico muy importante, me sentí agradecida y privilegiada de ser de las primeras en recibir tan increíble tecnología», cuenta la enfermera, que quiere desmitificar con su testimonio algunos de los mitos que tienen más raíces en cuanto a la vacuna. «Ni interfiere en el ADN, dado que el MRNA no penetra nunca hasta el núcleo de la célula, ni contiene ingredientes dañinos. Esto es algo que puedo asegurar tras informarme muy bien y seguir los consejos de los expertos en virología e inmunólogos. He aprendido que los ingredientes son pocos y la mayoría ya existen en nuestros sistemas como los lípidos, los azucares o el sodio», detalla Blanco. «Lo único que permanece tras la vacuna es la memoria celular y por tanto la respuesta inmunológica contra la proteína que envuelve al virus. Y eso es lo que se persigue», añade.

También son muchos los reacios a aceptar que se les suministre cualquiera de las vacunas que salgan al mercado refugiando su argumento en el corto tiempo que ha sido necesario para desarrollar este medicamento. Carmen Blanco también tiene respuesta para ellos. «Esta vacuna se desarrolló en tiempo récord porque esta tecnología ya se había estudiado para combatir la gripe, el zika, la rabia, etc., de modo que solo hubo que adaptarla para combatir a este virus en particular. Otra de las razones de su rapidez, es que no faltó el dinero, y hubo un número inmenso de voluntarios, sin precedentes, que hicieron posibles los ensayos clínicos necesarios para su puesta en marcha. Todo esto más la urgencia de la situación y la eliminación de burocracia innecesaria, hicieron posible este milagro de la ciencia», explica la enfermera.

La de Llanes cuenta que tras recibir la inyección han de inscribirse en un programa activado por el gobierno estadounidense, denominado V-Safe, conectado al CDC (Center for Disease Control) donde se te pide la información sobre la vacuna que te han suministrado. Una vez realizada esta inscripción, el CDC te envía mensajes de texto diarios para comprobar si te sientes bien o para informarles de los síntomas si es que sientes alguno. Quizás este movimiento por parte de la más alta esfera política de los Estados Unidos haga que ese más del 30% de los ciudadanos que aún es reacio a vacunarse contemple la posibilidad de hacerlo.

Esa misma situación se vive actualmente en España, donde son muchos los que aún no tienen claro si confiarán en la vacuna de Pfizer para protegerse ante el coronavirus. Por su parte, Carmen Blanco, desde su posición como profesional de la salud, quiere apoyar tanto a Pfizer como a Moderna, segundo laboratorio que ha sacado al mercado su vacuna, y transmitir a todos los asturianos confianza y tranquilidad con respecto a ellas. «Tanto Pfizer como Moderna han creado unos productos muy eficaces y seguros, y creo que son en realidad nuestra única salida. El virus no se va a ir, y es inmensamente contagioso. El hecho de que no podamos anticipar quién pasará el covid-19 como una simple gripe y quién podría acabar en una UCI y conectado a un respirador es un argumento súper fuerte a favor de la vacuna», explica la enfermera.

Blanco asegura que la respuesta inmune que produce la inyección es muy fuerte, mucho más que la que desarrollan las personas que sufren la enfermedad. Esto quiere decir que la vacuna protege mucho más que los anticuerpos que estás personas que sufrieron el virus puedan desarrollar. «Estamos en un momento muy crítico de nuestra historia donde sabemos que la victoria sobre este enemigo invisible se consigue sólo si todos actuamos en comunidad, si todos protegemos a todos. Al menos para mí, cualquier riesgo que la vacuna pudiera tener, y conste que no creo que tenga ningún riesgo importante, es un precio muy pequeño a pagar si se trata de salvar a la humanidad, de salvarnos», afirma la asturiana.

Blanco, que opina que la vacuna debería ser obligatoria para asistir a ciertas actividades como tomar un vuelo, ir al cine, a restaurantes, a conciertos, o asistir a la escuela o universidad, cree firmemente que el único modo de asegurarnos la inmunidad colectiva es confiando en la vacunación. Quiere animar a todos los asturianos a que sean parte de la solución, de un momento decisivo e histórico para la humanidad, y que pierdan el miedo a la vacuna. «Es un proceso sencillo, una vacuna muy segura y eficaz. Estamos ya viendo la luz al final del túnel. ¡Avancemos! Hagamos algo por nosotros, pero también por los demás. ¡Vacunémonos! Acabemos con este monstruo que se ha llevado a tantos hermanos y hermanas. Estamos en el principio del fin de esta pesadilla», vaticina esta enfermera que se ha convertido, por cuestión del azar, en una de las primeras asturianas en recibir uno de los medicamentos más esperados de la historia.