El palo de la astilla de Rodrigo Rato

Luis Ordóñez
Luis Ordóñez REDACCION

ASTURIAS

Faustino Rodríguez San Pedro, Ramón Rato y Rodrigo Rato, portada del Libro 'Los Rato' de Ramón Tijeras.
Faustino Rodríguez San Pedro, Ramón Rato y Rodrigo Rato, portada del Libro 'Los Rato' de Ramón Tijeras.

Así acabó en la cárcel Ramón de Rato, el padre del exvicepresidente del Gobierno de Aznar. Fue condenado a mediados de los años 60 por evasión de capitales a Suiza y la quiebra del Banco Siero

08 oct 2018 . Actualizado a las 16:59 h.

El 28 de junio de 1966 se celebró en la iglesia de Nuestra Señora del Monte Carmelo de Madrid un enlace de alto copete para unir en matrimonio a María de los Ángeles de Rato y Figaredo con Emilio García-Botín y Noreña. Al día siguiente, el ABC señalaba en su crónica social que «la gentil desposada, que lucía un bellísimo vestido de algodón bordado tocándose con velo de tul y encaje del siglo XVIII, entró en la iglesia del brazo de su padre y padrino don Ramón de Rato y Rodríguez san Pedro». También narra que contaron con la interpretación de una soprano y que el párroco leyó un telegrama del «secretario de Estado de su Santidad en el que comunicaba la bendición del Papa a los nuevos esposos». La crónica no cuenta nada sobre el arresto de Ramón Rato y de su hijo mayor porque, pese a lo que cuenta la leyenda, tal detención no se prodjo en la boda sino meses después, en noviembre, precipitando la caída en desgracia de la familia del financiero asturiano y que muchos han recordado esta semana cuando el Tribunal Supremo confirmó la condena de cuatro años de cárcel para Rodrigo Rato por apropiación indebida en el caso de las tarjetas black. 

Como Rodrigo hará ahora, su padre Ramón y su hermano mayor del mismo nombre, pasaron por la cárcel por un caso de estafa financiera, pero en pleno franquismo, en un tiempo en el que las tarjetas de crédito eran ciencia ficción, no había transferencias electrónicas y los desvíos de dinero a Suiza se hacían a la vieja usanza, en maletines y viajando en coche y en tren. El caso de Ramón Rato se recoge con sumo detalle en el primer bloque del libro «Los Rato», de Ramón Tijeras (Plaza y Janés) y es una rocambolesca historia en la que se mezclan evasión de capitales, créditos impagados por un hermanísimo y también la revancha personal de un empleado.

Ramón Rato se había lanzado a conquistar los cielos del capital con la adquisición a la familia Vigil-Escalera en 1952 de su pequeña entidad para crear el Banco Siero, adquirió también otro pequeño banco en Cieza (Murcia) que sumó al pequeño imperio y abrió una sede en Madrid. Fue un primer paso, acompañado de ampliaciones de capital, y la adquisición de una licencia de banca en Suiza, con varios cambios de denominación desde Werra a Banque Siero, para cuya sede adquirió en Ginebra un edificio de siete plantas por valor de 80 millones de pesetas de la época. Más de una década después, un juez determinó que Rato y varios de sus socios y empleados había organizado una trama de evasión de capitales a Suiza y fue precisa la intervención pública de la entidad. El padre de Rodrigo Rato recibió la notificación de arresto domicialiario en noviembre de 1966  y en diciembre del año siguiente entró en la cárcel de Carabanchel para cumplir condena por «contrabando monetario».

No hubo arresto en la boda del 66, una que unía apellidos bancaríos que todavía se pueden escuchar hoy en la España de 2018, pero sí fue una historia con paralelismos con la escena inicial, y también algo del resto del metraje, de «El Padrino». El año de la desgracia para los Rato, Ramón había concedido un préstamo de más de cuatro millones de pesetas a Nicolás Franco, hermano del dictador, que no abonó en el plazo requerido. En un error de cálculo colosal para quien conociera las reglas de una familia que manejaba el país como un clan mafioso, el banquero asturiano pidió el embargo de sus bienes. El banco Siero acumulaba problemas en un contexto en el que un joven tiburón del que mucho después también tendrá parte en peculiar historia de la infamia bancaria española, José María Ruiz Mateos, andaba a la caza de entidades en la cuerda floja. La versión de los Rato a lo largo del tiempo ha sido que el encarcelamiento del padre respondió en buena parte a la vendetta emprendida por Nicolás con la ayuda de su amigo Mariano Navarro Rubio, Gobernador del Banco de España y también miembro del Opus Dei. Rato trata en un determinado momento de templar ánimos y envía una carta al hermanísimo diciendo que ya pagará cuando pueda pero Nicolás le responde que no sólo no piensa abonar la deuda sino que se va a enterar. Y se enteró.

Otra versión señala que hay un chivato en la historia, un traidor como Salvatore Tessio en la película, que es Ignacio Gutiérrez Ovejero, disgustado con Ramón Rato y que lleva al juez los documentos para que se caiga con todo el equipo. En una de las cartas de la correspondencia interna del Banco Siero que se entregan en el juzgado se detalla cómo «varios asturianos quieren mandar dinero de París a La Pola. Les hemos dicho que lo ingresen en la cuenta de Banque Siero en el Banco de Bilbao, de París. Cuando recibáis esos abonos los abonáis a la cuenta de Madrid». El magistrado pudo leer con todo detalle un movimiento constante de dinero de España a Suiza que terminó con la quiebra del banco.

Los ramones Rato, padre e hijo, entraron en Carabanchel, sumando a la pena de cárcel una muy relevante multa económica, en 1967 y no saldrían mde allí hasta 1971. En el medio sufrieron la presión de Ruiz Mateos por hacerse con parte de su patrimonio a precio de saldo aunque también con la mano amiga del ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga que tratará de arreglar una componenda con emisoras de radio como moneda de cambio. Pero será un indulto el que saque a los Rato, padre e hijo, de la cárcel, con motivo del 35 aniversario del nombramiento de Franco como jefe del Estado. En todo ello juega también en todo caso el estallido de otro de los grandes escándalos de corrupción económica del franquismo final, el Caso Matesa, en el que termina procesado uno de los enemigo iniciales de Ramón Rato, en gobernador del Banco de España Mariano Navarro Rubio.

En la familia Corleone de la ficción cinematográfica, Santino estaba destinado a heredar el clan, Fredo a dirigir casinos en Las Vegas y Michael debería haber entrado en política pero, la historia es conocida, todo se acaba torciendo. Libre de la losa carcelaria de su padre y de su hermano mayor, Rodrigo cursó estudios internacionales y entró en política de la mano de Fraga hasta convertirse en uno de los pilares del equipo dirigente de Aznar en el Partido Popular. Con él fue vicepresidente y ministro de Economía --encabezando un «milagro» económico que era una burbuja inmobiliaria--, después llegaría a ser director gerente del FMI --del que salió de forma inédita, para descrédito de la diplomacia española y en vísperas de una de las mayores crisis de la historia del capitalismo moderno-- y terminó recalando en Bankia hasta que la entidad petó y precipitó el rescate bancario de todo el país. Tras la confirmación de la condena del Supremo se cuenta por días la cuenta del tiempo antes de que entre en prisión, de momento una de su elección, y Carabanchel ya no existe. Pero la historia, si no «El Padrino», es la de una astilla de tal palo.