Esteve Almirall: «Con la IA generativa se van a perder puestos de trabajo, ocurre con cualquier disrupción»

Tamara Montero
Tamara Montero SANTIAGO / LA VOZ

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David Fernández | EFE

El experto en innovación acaba de publicar «Qué hacer cuando todo cambia», que busca comprender la inteligencia artificial como una oportunidad para transformar el modo de vivir, trabajar y pensar el futuro y no como una amenaza

31 mar 2025 . Actualizado a las 17:18 h.

«Cualquier disrupción genérica supone cambios muy importante de trabajar y de hacer las cosas. Cuando salieron las calculadoras, hubo manifestaciones de profesores de matemáticas en San Francisco diciendo que a los humanos se nos iba a acabar la capacidad de razonar». Los mensajes catastrofistas a los que se refiere el full professor de Esade y director del Center for Innovation in Cities, Esteve Almirall, han vuelto. Lo han hecho al mismo tiempo que ChatGPT irrumpía en el año 2022 y que la inteligencia artificial se convertía en una tecnología, como los teléfonos, las calculadoras e internet, que ha llegado para cambiar las cosas. 

Ese es el título que Almirall ha elegido para un libro que viene a desmontar miedos sobre la IA y cómo impactará en las sociedades. Qué hacer cuando todo cambia (Planeta) busca hacer comprender que la IA generativa es una oportunidad para transformar modos de vivir, trabajar y pensar el futuro y no una amenaza.

«Creo que esto proviene de una falta de entendimiento de las disrupciones y el funcionamiento de la innovación en las sociedades», afirma Almirall sobre los temores alrededor de la inteligencia artificial. «Una disrupción, normalmente, está generada inicialmente por un descubrimiento científico y después por una ingeniería», ya que as ingenierías avanzan muy rápido. «La parte tecnológica de la disrupción va a esa velocidad, especialmente ahora que está dominada por hype». 

La velocidad de la tecnología es exponencial, pero la adopción de la tecnología es un fenómeno social, «y va a velocidad humana». Eso quiere decir que depende de la intensidad competitiva de las organizaciones y de lo que hagan los individuos. «Depende de muchas cosas, y esto quiere decir que hay sitios, después de muchos años de internet, que no lo usan o lo usan muy poco», explica Almirall.

En la adopción de una disrupción genérica hay dos velocidades. Una es «lo que hacemos todos, el conjunto de los humanos», que va en función de las ventajas que tiene la innovación para una persona y sobre todo de la dificultad de la adopción. Esteve Almirall pone un ejemplo muy claro: las tablets. 

¿Por qué la adopción de las tablets fue tan rápida en comparación con otras? La respuesta es otra pregunta. ¿Qué cuesta adoptar una tablet? Muy poco, porque no hay que aprender a usar un nuevo sistema operativo, no hay que conocer apps nuevas, ni contar con nueva infraestructura para la conectividad. Lo único que hay que hacer es comprarla. 

«Esta es la explicación de por qué la adopción a nivel mundial de ChatGPT ha crecido tanto. Ni siquiera hay que comprarlo, porque es gratis. Por eso tiene 400 millones de usuarios, porque no hay fricciones, ni una restricción». Así que la adopción individual de las tecnologías disruptivas es rápida, pero no lo es tanto en las organizaciones.

«Hay que incorporarla a los sistemas y probablemente hacer cambios organizativos». Por eso es posible que los profesionales utilicen la IA generativa pero la organización no la haya adoptado todavía, con lo que las organizaciones con alta intensidad competitiva probablemente la adoptarán rápido y las que tienen una intensidad competitiva que es cero o negativa, «como podría ser la administración, pues ya veremos. Un día de estos».

Las multinacionales y empresas españolas ya la han incorporado a sus operaciones, mientras que el sector de la banca tiene grandes equipos trabajo en IA generativa «y han hecho cosas internamente, pero la gran promesa, que es el uso en clientes están esperando», porque actúa en bloque. «Siempre avanza al unísono», dice Almirall. 

¿Es útil para todos los sectores? «En principio, las tecnologías genéricas como esta, o como internet o los smartphones afectan prácticamente a todo el mundo y a todos los sectores económicos. Lo que ocurre es que esto de las tecnologías genéricas es un gradiente», explica el experto en innovación.

No existe una tecnología que sea 100 % genérica y afecte a todo el mundo. La IA generativa afecta a muchos sectores. Hay que tener en cuenta condicionantes como la elasticidad del mercado, ya que estas tecnologías permiten ser muy eficientes, bajar precios y por tanto, ampliar mercado. 

Además, una cuestión importante son los precios marginales. En las tecnologías digitales es posible reducir el coste de atender al último cliente, con lo que se puede escalar hasta el infinito. «Esto es algo nuevo en la historia de la humanidad, porque antes llegaba un punto en el que eran crecientes. Había un tamaño de fábrica óptimo y después esos costes crecían».

Si en el mundo digital esto no ocurre, «se crean monopolios naturales. Eso es algo que socialmente no tenemos resuelto». Esteve Almirall afirma que «las sociedades están organizadas para el sistema antiguo. No ocurría que cuatro organizaciones dominan el mundo». 

En general, los más beneficiados de la irrupción de la IA generativa son los negocios que trabajan con información: banca, periodismo, incluso diagnóstico médico, ya que el coste marginal es el precio de procesarla y si ese coste es más barato en escala, pueden seguir creciendo.

También se pueden hacer digitalizar parcialmente los negocios físicos, y con eso ya hay experiencias como los VTC. Para esos servicios es necesario un coche, que no tiene costes marginales bajos. Pero todo lo que está alrededor del coche: llamar, pagar, indicar la dirección... es digitalizable. «El impacto con la IA generativa será mayor», afirma el experto.

¿Se perderán puestos de trabajo? «Se van a perder puestos de trabajo, esto ocurre con cualquier disrupción, no es algo nuevo», reconoce Almirall. Ha ocurrido con el motor, la electricidad e internet. 

«Pero hay que tener en cuenta que nuestras aptitudes no son algo mágico, vienen de una tecnología. No hay programadores antes de los ordenadores ni community managers e influencers antes de las redes sociales. Todo está creado por una tecnología, cada tecnología tiene su grupo de expertos y crea cosas que nos parecen absolutamente lejanas. Esta tecnología no va a ser diferente».

Se crearán cosas cosas nuevas, habrá un ránking diferente de las habilidades humanas. «Lo que entendemos como especialización va a cambiar y algunos tipos de especialización que eran muy importantes lo serán menos». Y al mismo tiempo aparecerán áreas nuevas. 

 «Lo importante aquí no es el cambio, porque es inevitable. Es dónde te sitúas en este cambio». Habrá gente que creará valor y gente que comprará las cosas que otros hagan. «Como sociedad nos interesa utilizar este cambio para generar valor y competir mejor, no para comprar cosas que hagan otros», afirma el experto en innovación. 

«Este es el gran problema de Europa. La productividad es más o menos la misma en sectores individuales. Los de Inditex lo hacen mejor que los de Gap, sin duda». El problema es que «hay un sector digital que no existe. No hay Google, ni Meta, un sector con una productividad brutal, aquí directamente no existe. Solo existe el sector tradicional».

Ese dinamismo como sociedad «debería preocuparnos», advierte Esteve Almirall, ya que «si solo nos quedamos con las industrias que hemos tenido siempre vamos fatal. Y lo mismo sucede con los individuos». Es una oportunidad «que tenemos que aprovechar».

La definición de inteligencia ha ido cambiando a medida que han aparecido innovaciones y dispositivos capaces de hacer algo que la humanidad definía como inteligente. «Ahora, la IA generativa permite hacer cosas que están al nivel de los humanos, desde consultoría, resumir artículos, hacer papers...».

Entran entonces en la conversación las expectativas. ¿Le pedimos demasiado? «Hay lugares donde las disrupciones van muy deprisa y realmente vives en el futuro y otros donde ni se habla del tema». En San Francisco, Waymo hace 150.000 viajes a la semana, un sistema completamente automatizado, sin conductor. En Wuhan opera su equivalente chino, el servicio Apollo de Baidu.

Como en todas las disrupciones, con la inteligencia artificial también se sobrevalora el corto plazo y se infravalora el largo plazo. «¿Quién hay que no use internet o smartphones. En el largo plazo solo hay dos tipos de organizaciones: las que se han adaptado o las que están muertas».

Existe también el concepto de hype. «No todo son disrupciones tecnológicas, también hay tecnología incremental», como pueden ser las mejoras de los últimos modelos de un teléfono. Hasta ahora imperaba el modelo de disrupción de Clayton Christensen, disrupciones que venían desde abajo: la pantalla de cristal líquido de Casio, que crece y llega un punto que se usa en los monitores y después llega a las teles en un proceso de 20 o 40 años. «En el modelo de disrupción clásico, cuando cruza el umbral de las necesidades, explota».

Sin embargo, en la actualidad las cosas no ocurren así: ni Tesla, ni coches autónomos ni la IA generativa. «En un año hay adopción, quizá no sea global pero hay bastantes opciones en bastantes sitios. Y eso funciona en función del hype».

Entre las ventajas del hype está la capacidad de atraer talento, inversión y proyectos, con lo que se producen avances con gran rapidez. Entre las negativas está el hecho de que se venderán cosas como si estuviesen listas sin estarlo y habrá quien coja el dinero y corra. Y también que habrá proyectos que fracasen. «¿Dónde está el metaverso? ¿Y las gafas de Google?», recuerda Esteve Almirall. «En innovación hay más fracasos que éxitos».

La clave de hype está en la adopción, fundamentalmente la adopción sostenida. «Si la gente lo usa, se mantiene. Si no hay adopción, por mucho hype que haya, no».