Sara García, la primera astronauta española: «Le dediqué 30 segundos a disfrutar de que me seleccionaran y me fui a trabajar»

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Blanca Millez | EFE

Es la primera mujer astronauta española. Un hito que le produce «orgullo» a la vez que una responsabilidad muy grande por estar a la altura. «A mí me gustaría ir a la Estación Espacial Internacional a investigar en oncología», señala esta leonesa de 35 años

10 mar 2025 . Actualizado a las 17:53 h.

Dice que de pequeña, incluso de adolescente, era una persona muy tímida. Y que vencer esa timidez fue un trabajo que le llevó años. «Cuando pasas de ser una persona anónima a una persona conocida ya no te queda más remedio que sobreponerte y no tener problemas con exponerte al público, pero no curas una timidez patológica de la noche a la mañana», dice Sara García Alonso (León, 1989), que en el 2022 fue seleccionada como miembro de la Reserva de Astronautas de la ESA, convirtiéndose en la primera mujer española en lograr este hito. En octubre del 2024 comenzó el primero de los tres programas de formación de reserva de astronautas de dos meses de duración en el Centro Europeo de Astronautas de la ESA en Colonia, Alemania. Ahora ha decidido compartir su particular experiencia, salpicada de anécdotas personales, para ofrecernos claves sobre cómo plantear y afrontar los desafíos en Órbitas. A través de seis capítulos aborda temas como la búsqueda de la identidad, la libertad para tomar decisiones, la valentía de desafiar lo establecido, la expansión de los límites físicos y mentales, y el peso de las tradiciones. 

—¿Soñabas de pequeña con ser astronauta?

—Fue justamente todo lo contrario. Se me pasó por la cabeza, pero igual que se me pasó ser mil cosas más. No es que fuera mi sueño de niña, y algo que yo persiguiera para convertirme en astronauta. Todo lo contrario. Astronauta era una opción.

 —En «Órbitas» reflexionas sobre uno de los motores que te ha movido desde niña: la curiosidad.

—En el libro hablo de distintos caminos, distintas trayectorias, distintas vías que he explorado a lo largo de mi vida. Por eso, digamos que cada órbita simboliza un camino, una aventura movida por el afán de explorar, movida por la curiosidad, que es la fuerza central que ha impulsado cada una de las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida. Para mí la curiosidad es crucial, es lo que ha guiado mis pasos, ya sea cuando era una niña que exploraba con convertirse en mil cosas cuando fuera mayor, a cuando fui un poco buscando mi identidad como adolescente, hasta cuando me presenté al proceso de selección. La curiosidad es el eje central, es el motor central en torno a lo que gira absolutamente.

—¿Cuáles son esas órbitas de las que hablas?

—Se llama Órbitas, porque no considero que exista un objetivo, un sueño único que tengas que perseguir, porque las órbitas son muchos caminos y realmente ninguno de ellos conduce a un objetivo como tal, porque esos objetivos van evolucionando a lo largo de mi vida. Al final, es verdad que todos los pasos que he dado me han conducido y me han ayudado a convertirme en astronauta, pero ninguno de ellos los di para ser astronauta porque ese fuera el sueño que estaba persiguiendo.

 —Hoy eres un referente para muchas niñas, además dedicas tiempo a la divulgación científica, con el objetivo de inspirar a muchas jóvenes para que apuesten por las carreras científicas... ¿no?

—Sí, estoy haciendo mucha labor de divulgación en este sentido. Más que que apuesten, estoy intentando enseñarles o compartir con ellas y con ellos, también con los niños, lo bonito que pueden ser las carreras STEM. Y lo que les digo a todas y a todos es que si tienen motivación por este tipo de carreras, que se atrevan a intentarlo. Que no es obligatorio, por supuesto, perseguir una carrera de ciencias, simplemente si esa es su motivación. Porque muchas veces somos nosotras las que nos ponemos barreras, las que nos limitamos, porque no hay precedentes, porque no hay referentes, ejemplos cercanos o porque pensamos que no valemos, que es muy difícil. Entonces, estos estereotipos y esas etiquetas y limitaciones mentales que nos ponemos es lo que les animo a eliminar.

 —Sé que no te gusta lo de la primera mujer española seleccionada como astronauta porque sueñas con que no haya más primeras mujeres, pero entiendo que es un orgullo a la vez que una responsabilidad muy grande, ¿no?

—Desde luego, al final es un hito para nuestro país, en cierto modo. Y ser yo la que lo personifica, pues sí, es un orgullo, pero lleva una responsabilidad muy grande. Porque, al final, tienes que estar a la altura, va a haber mucha gente, especialmente futuras generaciones que se vean reflejadas en Pablo Álvarez —fue seleccionado con ella en el 2022, y año y medio después obtuvo la certificación de astronauta en el Centro Europeo de Astronautas de la ESA— y en mí.

—Te presentaste al anuncio que hizo la Agencia Espacial Europea, y fuiste seleccionada entre 23.000 candidatos, pasaste un filtro, otro... ¿en qué momento pensaste que la cosa iba en serio?

—Pues un poco de esa manera. Y, en realidad, en cuanto surgió la oportunidad, vi que realmente era una oferta de trabajo a la que tenías que echar una candidatura, que cumplía los requisitos, y que el puesto me gustaba, porque era un compendio de cosas, es cuando empecé a preparar la candidatura. Me llevó bastantes meses preparar todo el material, y hacerlo con el cariño y el cuidado que hay que poner en algo así. De entrada pensé que no pasaría el primer filtro por estar tan alejada del sector aeroespacial. Yo, al final, soy investigadora oncológica y pensaba que un ingeniero o un astrofísico tendría más oportunidades que yo.

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—Y cuando ves que pasas...

—Cuando pasé el primer filtro y me invitaron a la primera fase fue toda una sorpresa. Aun así, nunca pensé que llegaría hasta el final. De hecho, cuando ya estaba en la última fase y solo quedábamos 25 candidatos tenía mis dudas de que yo fuera a lograrlo, porque al final es un proceso muy difícil, muy competitivo y tienes que manejar muy bien las expectativas. A medida que ibas avanzando las fases, porque el proceso de selección fue durante un año y medio, te avisaban por correo electrónico, y ya la última, cuando te dicen que formas parte de la promoción del 2022, fue una llamada telefónica del director general de la agencia.

—¿Qué pensaste?

—Casi no me podía creer que lo hubiera logrado. Si me lo llegan a decir hace tiempo, nunca lo habría imaginado, era algo muy grandioso y extraordinario. Pero le dediqué 30 segundos a disfrutar de ese momento, y me fui a trabajar.

—A finales del año pasado ya empezaste con el entrenamiento, ¿cómo ha sido?

—Hay dos categorías, están los astronautas de carrera, donde está Pablo Álvarez, que ya forman parte del personal de la ESA (The European Space Agency). Ellos trabajan permanentemente en el Centro Europeo de Astronautas, son personal propio de la agencia y están en continua formación. Los que formamos parte de la reserva nos han empezado a dar este año un entrenamiento adicional, pero solamente se puede hacer en bloques de dos meses, porque todos nosotros mantenemos nuestros trabajos. Yo lo hago a tiempo completo como investigadora, para poder entrenar me tomo una excedencia de dos meses al año para recibir formación y estar más preparada por si en algún momento se me asigna una misión.

—¿Es una recreación real de las condiciones? ¿Son entrenamientos muy duros?

—Sí, es formación de astronauta. Hay formación teórica para aprender distintas materias y, digamos, ponernos un poco todos al mismo nivel de conocimientos porque nuestro bagaje profesional es muy diverso: hay astrofísicos, neurocientíficos, pilotos, ingenieros... Yo soy biotecnóloga, bióloga molecular. Entonces, al final, tienes que aprender un poco de todo: desde biología hasta radiación, astrofísica... Y luego hay muchas dinámicas de equipo, factores humanos para aprender a gestionar situaciones de riesgo, lidiar con conflictos interpersonales, solucionar problemas de manera eficiente... Hay entrenamientos de buceo para prepararnos para posibles caminatas espaciales, de supervivencia en frío y en agua.... Es muy variado.

—¿Qué fue lo que más te impactó?

—Que hay que saber de todo, básicamente. Que te tienes que adaptar y aprender de manera rápida, a cualquier situación. Si ahora toca volver a clase y estudiar astronomía, pues tienes que hacer eso. O si te dejan en Pirineos y sobrevivir a 15 grados bajo cero, pues también tienes que adaptarte.

—La parte psicológica es clave. ¿Se necesita mucha fortaleza mental para ir al espacio?

—Es una de las cosas que más se trabajan. Es la parte más importante, sin duda, de todo. De hecho, el proceso de selección, esos 18 meses, fue ya para elegir esos perfiles. No es que partas de cero y luego te enseñen y te entrenen a nivel psicológico, es que el proceso de selección es tan duro y tan difícil que solamente seleccionan a personas con esa fortaleza mental, capaces de mantener la calma en cualquier situación. Y luego, obviamente, se sigue trabajando a lo largo del entrenamiento. Pero digamos que los 17 que fuimos seleccionados en el 2022 compartimos esas características de ser personas flexibles, adaptables, optimistas, que mantenemos la calma, que lidiamos con los problemas... No se te puede enseñar todo eso de la noche a la mañana porque es algo que se entrena desde que naces, con tu personalidad.

—¿Cuál es la misión espacial de la que te gustaría formar parte?

—Como investigadora, lo que quiero es ir a la Estación Espacial Internacional a investigar en oncología, esa sería mi misión soñada o cualquiera que me asignen.

—¿Cómo te imaginas tu primera experiencia en el espacio?

—Lo más probable es que fuese una misión de corta duración, unos 15 días y a baja órbita, a la Estación Espacial Internacional, que se encuentra orbitando la Tierra a 400 kilómetros. Viene siendo una especie de casa-laboratorio flotante, donde los astronautas van a hacer investigación y hacer ciencia.

—Mientras no llega ese momento, continúas con tu trabajo en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, ¿no?

—Sí, yo dirijo una línea de investigación y un proyecto en el CNIO, y estamos desarrollando medicamentos contra el cáncer de páncreas y de pulmón. Ese es mi día a día.

—¿Llegará pronto la cura contra el cáncer?

—Hablar de cura contra el cáncer es una cosa bastante inverosímil, porque, de entrada, hablamos de cáncer en singular cuando se trata de más de 200 enfermedades diferentes. De modo que yo no creo que vaya a llegar una cura como tal, una solución que lidie y que finalice con todas las enfermedades. Creo que se están dando muchos avances y que llegará un momento en que no sea una causa de muerte, por decirlo de alguna manera, sino que sea una enfermedad más con la que convivir.

—Te gusta practicar el krav maga, ¿en qué consiste?

—Es un tipo de arte marcial, pero no reglada, que son diferentes técnicas de supervivencia. Combina distintas artes marciales, desde buceo hasta muay thai, jiu jitsu, y consiste en que si te van a atacar, ya sea a mano descubierta o con armas, arma blanca o armas de fuego, que seas capaz de defenderte.

—He leído que no descartas estudiar Medicina...

—Sí, es algo que he comentado alguna vez, porque me encanta. Era una de las carreras que barajaba cuando empecé la universidad, pero yo no quería ejercer de médico. Quería tener el conocimiento de los médicos, pero no tratar pacientes. Yo quería investigar. Como a mí me gusta aprender, siempre sigo formándome, a lo mejor en un futuro la saco por libre o me apunto a la universidad de nuevo, no lo sé. Son ideas de las miles que tengo.

—¿Cómo llevan los tuyos la posibilidad de viajar al espacio?

—Bien, están emocionados, y están viviendo conmigo todo este proceso con ilusión. Ahora, también te digo, cuando esté en un cohete, tranquilos, no van a estar.

—¿Qué es lo que más te emociona de ese momento?

—La posibilidad de contribuir a avanzar en el conocimiento y que eso repercuta en un beneficio para la sociedad. Es lo que he perseguido desde que era niña y lo he intentado lograr desde la investigación oncológica, y ahora también lo intentaré desde una misión espacial. No deja de ser un hito para España, para Europa en cierto sentido, y personificarlo es lo que más me emociona y más me enorgullece.

—Contaste en alguna ocasión que sufriste «bullying» en tu adolescencia, animas a las personas que están pasando por eso a que compartan esas situaciones, que lo saquen... ¿Cómo lo superaste?

—Sí, precisamente porque yo no lo hablé recomiendo a la gente que lo cuente, que yo creo que es la mejor manera, porque al final cuando te lo guardas o piensas que eres la única persona a la que le ocurre algo así, esas heridas se hacen más profundas, se enquistan y luego cuesta más superarlas y volver a recuperar la autoestima. Yo ahora no tengo problemas de autoestima, pero me ha costado precisamente por no haberlo hablado. Por eso recomiendo a la gente, a las niñas, a los niños, que estén sufriendo bullying, o que les hayan dicho algo que les duele o que se encuentren mal, que lo compartan.

—¿Qué se necesita para ser astronauta?

—Realmente, con tener una carrera STEM de ciencia, tecnología, matemáticas o medicina puedes optar al puesto. Los requisitos son relativamente sencillos de cumplir, luego el proceso de selección es el más difícil. Lo que necesitas son ciertas aptitudes, cierto conocimiento general, cierta capacidad intelectual, y sobre todo, habilidades psicológicas. Y estar muy sano, eso también es verdad.