
El exvicepresidente de Castilla y León aseguró que el secretario general, Ignacio Garriga, le dio una «indicación agresiva» para que firmara la expulsión del grupo parlamentario de dos procuradores
06 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El exvicepresidente de Castilla y León sin cartera y exlíder de Vox en la comunidad, Juan García-Gallardo, se desahogó este miércoles contra la dirección de su partido, del que sigue siendo afiliado aunque haya dejado todos los cargos en el mismo.
García-Gallardo acusó a la dirección de Vox de chantaje, guerra sucia y de poner zancadillas. Explicó que las diferencias con Santiago Abascal comenzaron en enero del 2023 cuando presentó un protocolo antiaborto que no entró en vigor porque el presidente castellanoleonés, Alfonso Fernández Mañueco, del PP, lo frenó.
En la Cadena Cope, García-Gallardo acusó a la dirección de la formación de manipular con «información sesgada» y «medias verdades» y culpó a Ignacio Garriga, secretario general, del «chantaje» relacionado con la firma de la expulsión de dos procuradores autonómicos, a lo que se negó. La «indicación agresiva» de Garriga para que firmara la expulsión del grupo parlamentario autonómico de dos procuradores que solicitaron primarias y más democracia interna, y criticaron al partido por integrarse en el Parlamento Europeo en el grupo Patriotas, de Viktor Orbán, y dejar el de la italiana Giorgi Meloni, fue lo que lo llevó a su salida. «Me dijo que o firmaba o estaba fuera», aseguró sobre Garriga. «Esa fue la guinda del pastel» de los desencuentros con la dirección, que habían surgido con el abandono por Vox de los gobiernos autonómicos compartidos con el PP. De hecho, aludió a «cuestiones organizativas» de la dirección nacional con sus cargos regionales y reveló que fue apartado de «negociaciones directas de cuestiones» que afectaban a su Gobierno de coalición con el PP en Castilla y León.
García-Gallardo afirmó, asimismo, que su marcha de los cargos de Vox nada tienen que ver con una posible incorporación al Partido Popular, pero sí le ha pedido a su todavía partido que reflexione sobre los abandonos y las dimisiones, aunque detalló que, por supuesto, su cese no tiene nada que ver con los de Iván Espinosa de los Monteros y Macarena Olona.
«Vox no debería conformarse con ser el partido refugio del Partido Popular y de los votantes cabreados», zanjó.
Es curioso que García-Gallardo acuse a Vox de falta de democracia interna cuando él mismo se vio obligado a borrar mensajes donde justificaba el golpe de Estado de 1936. Y publicó tuits sobre personas LGTBI, feministas, romaníes e inmigrantes que fueron calificados de «homófobos, racistas y machistas».
La claridad del secretario general del grupo parlamentario en el Congreso, José María Figueredo, respondiendo a García-Gallardo es total: Vox es un partido «nacional» en el que no tienen cabida los «barones autonómicos», «no hay baronías», «no cree en el reparto autonómico del Estado», «se vota a la presidencia y esta es la cabeza que marca la estrategia nacional», «no tiene estructura autonómica». Pero se integra en ella cuando puede. Fue el hito de García-Gallardo, meter a Vox por primera vez en un gobierno autonómico, y la primera entrada de la extrema derecha en un gobierno en España desde la transición a la democracia de 1975.