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Martes 22 de Mayo de 2012

‘La flauta mágica’ desafina

La ópera de Mozart no sedujo al público más exigente el día del estreno en el Campoamor

Momentos de la puesta en escena de ‘La flauta mágica’ en Oviedo. ópera de oviedo Momentos de la puesta en escena de ‘La flauta mágica’ en Oviedo. ópera de oviedo

14/11/2011 00:00 /

¿Qué pensaría Wolfang Amadeus Mozart si viera que más de doscientos años después La flauta mágica sigue interpretándose en escenarios de todo el mundo? Seguramente se sentiría orgulloso de que su última creación sea la ópera más representada en los últimos seis años, pero no por la de Oviedo. Hacía dos décadas que no sonaba en el Teatro Campoamor. Pero este regreso no dejó demasiado buen sabor en la boca; al genio austriaco no le hubiera gustado presenciar una puesta en escena como la que ayer provocó hasta pataleos del respetable.

La flauta desafinó.

La ópera trata de un relato sencillo en apariencia de amor y lucha de poder, que esconde diferentes capas de interpretación.

La sencillez también fue llevada a la escena por Olivia Fuchs. Si en otras producciones destacan vestuarios y decorados incluso recargados, dentro de una estética barroca que en esta ocasión solo podría atribuirse a la Reina de la noche, Fuchs escogió un escenario limpio en el que introdujo elementos simbólicos entre los que destacaron decenas de paraguas que servían de entrada al mundo oscuro de la madre de Pamina y que dotaron de profundidad a la escena, al servir también para reflejar la luz de los distintos ambientes y mundos creados.

Tamino, un príncipe moderno, con vaqueros, camisa y deportivas, encarnado por José Luis Solá, apareció en escena y se topó con la gran serpiente que lo perseguía y que estaba simbolizada por una gran tela roja. Poco después entró en escena un llamativo Papageno, interpretado por Joan Martín-Royo, en bicicleta, con una gran cresta pelirroja y falda escocesa verde. Royo fue uno de los más aplaudidos de la noche por el generoso público ovetense. Su vestuario, creado por Niki Turner, le hizo reforzar su comicidad. También sorprendió la escena con la aparecieron las tres damas colgadas del techo por unas cintas, cual actuación del Cirque du soleil.

La producción de la Garsington Ópera trajo de nuevo a Oviedo al director musical Paul Goodwin a quien ya se vio en la capital con otro título de Mozart. Fue el encargado de dirigir a la Oviedo Filarmonía.

El coro de la Ópera de Oviedo volvió a tener buenas oportunidades de lucirse, ante la cantidad de apariciones que tiene en este singspiel , y se mostraron de nuevo simpáticos cuando, en el papel de soldados de Monostatos, se convirtieron en dulces corderillos al sonido de la campanilla de Papageno.

Joan Martín-Royo como Papageno recibió un premio en formas de aplausos por su aparición con su media naranja Papagena, Itziar de Unda. José Luis Sola como Tamino y Valentina Farcas como Pamina les siguieron. Kenneth Kellogg, en el rol de Sarastro, desplegó toda su voz, al igual que la costarricense Íride Martínez, como Reina de la noche, de la que quizá se esperó más en La venganza del infierno hierve en mi corazón .

En la parte negativa, cabe destacar la absoluta falta de unidad y criterio en el vestuario. La Oviedo Filarmonía respondió de manera muy irregular durante toda la noche. El título continúa sus funciones mañana martes, el jueves, el viernes y el sábado.

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